Ya ha terminado el año escolar en muchos hogares y las vacaciones de verano están a la vuelta de la esquina.
Muchas familias ya han decidido qué actividades extraescolares tenderán los niñ@s el próximo curso. A veces hay que empezar a hacerlo desde febrero o marzo, porque hay lista de espera o porque hay un proceso de solicitud de plaza, como ocurre con las clases de idiomas y las actividades de apoyo al español como lengua de herencia. Pero también hay padres que buscan un refuerzo en cualquier momento del año dependiendo de sus circunstancias.
Afortunadamente la oferta es cada vez más variada, aunque hay grandes diferencias en función del país de residencia. A veces no resulta nada fácil encontrar recursos de calidad para que los peques tengan más exposición al español y oportunidades de practicar con otros niños y adultos hispanohablantes.
Hay que tener en cuenta distintos factores a la hora de realizar la elección. Como por ejemplo, el día de la semana y la hora, cuánto dura, cercanía del domicilio, precio, tamaño de los grupos y edades, disponibilidad en el caso de ser varios hermanos, contenido, modalidad online o presencial, propuesta pedagógica, etc.
Es importante analizar si todo lo anterior “encaja” con el niño/a y la dinámica familiar. ¿Por qué? Porque si lo que hacemos es tratar de adaptar, incluso forzar el ritmo de vida para que el niño tenga dicha actividad, antes o temprano la situación se hará insostenible.
Los aspectos logísticos son importantes, pero si nos enfocamos en los lingüísticos, psicológicos y evolutivos, entonces la valoración es fundamental;
* ¿Qué nivel de español tiene tu hijo o hija? Si su comprensión es básica puede “perderse” en un grupo grande. Con un nivel bueno y compañeros más pequeños se puede acabar aburriendo.
*¿Cómo es su carácter? Igual es mejor comenzar con clases individuales.
*¿Qué actitud tiene hacia el idioma? La conexión emocional también puede mejorar.
*¿Crees que va a asistir con gusto a las clases/actividades? Si es incompatible con su afición a un deporte, por ejemplo, habrá quejas continuas (con razón).
A veces, al intentar que se interesen en aprender nuestra lengua materna y “tengan más”, olvidamos que los niños son niños, con sus gustos y preferencias. Es posible que haga más ilusión a los padres que a ellos mismos, también comprensible. Pero al igual que la verdura no se puede meter en la boca a la fuerza con la esperanza de que le guste, no debemos hacer que trague español. (Y sí, también se le puede atragantar).

«Adapta los recursos al niño, no el niño a los recursos»
Recuerda que la crianza bilingüe va de fortalecer los lazos afectivos con el idioma, de crear oportunidades de interacción natural, de lograr una motivación intrínseca para hablar y de respeto al niño.
El apoyo externo para la adquisición o aprendizaje de la lengua de herencia es muy necesario, pero definitivamente, no a toda costa.


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