¿De verdad entienden todo?

La siguiente anécdota ocurrió hace ya unos años, pero ha pasado a la memoria histórica de nuestra familia y cada Navidad la volvemos a recordar entre risas:

  • Mamá, hoy hemos repartido los personajes para la función de Navidad. Me contaba alegremente mi hija al salir de su clase de español de la Escuela Hispana.
  • Qué bien, ¿y tú de qué vas a salir? Pregunté con curiosidad.
  • De lavandera.
  • ¿Y cómo tienes que ir vestida?
  • Pues de la española, claro. Me contestó orgullosa con una gran sonrisa.
  • ¿De la española? Explícame qué quieres decir.
  • Sí, de “la bandera española”, de rojo y amarillo.

Además de ser una situación divertida, es un gran ejemplo de cómo los adultos pensamos que los niños comprenden perfectamente lo que decimos y sin embargo sus cerebros han procesado la información de una forma diferente a la nuestra y por tanto han entendido otra cosa.

¿Por qué ocurre esto?
La capacidad para comprender los símbolos verbales durante la comunicación es una habilidad humana compleja y las razones por las que un niño no comprende el lenguaje oral adecuadamente pueden ser muy variadas.
No voy a entrar en situaciones especiales, como son las dificultades de lenguaje, atencionales o de otro tipo, que requieren de un enfoque especializado y amplio, más allá del post de hoy.
Un error como el anterior podría tenerlo cualquier niño con un desarrollo lingüístico acorde a su edad cronológica, tanto si es monolingüe como si está siendo educado en un contexto multilingüe.

La base de su confusión está en el hecho de que el lenguaje oral es un continuo sonoro, realmente la segmentación se aprecia en el lenguaje escrito. Las palabras funcionales como los artículos (la) no tienen significado, pero en otras ocasiones forman parte de una palabra de contenido (lavandera). Hay que identificarla con su significado independiente y eso no es fácil, si además hay otras palabras que se pronuncian igual (bandera) puede haber ambigüedad.
Cuando aprendemos un nuevo idioma resulta fascinante constatar cómo inicialmente somos incapaces de “escuchar” dónde comienzan y terminan las palabras y a medida que aprendemos el cerebro logra identificar el vocabulario conocido entre otras unidades que aún no sabemos.

De igual forma, los límites entre las unidades lingüísticas no son claros para los niños y siempre tratarán de entender el mensaje completo asociado a su conocimiento previo. Esto último es muy importante en los niños multilingües: el vocabulario se aprende en contextos específicos y en muchas ocasiones no hay oportunidad de tener una exposición suficiente ni de utilizarlo de forma práctica.
Volviendo al ejemplo de mi hija, ¿cuántas veces habría escuchado anteriormente la palabra “lavandera” frente a “bandera española”? Seguramente no sabía que lavar ropa a mano era lo normal antiguamente y que la mujer encargada de hacerlo se denominaba de tal forma, tampoco que es una figurilla clásica en los nacimientos. Es una palabra que forma parte del vocabulario navideño, que lógicamente es estacional. El cerebro utiliza todo el conocimiento previo para dar coherencia al mensaje, pero en lengua de herencia los recursos lingüísticos y culturales son más limitados.

No es “TU croondas”, es “MI croondas”.  Corrigió una niña a su madre, haciendo énfasis en el “posesivo” mientras jugaban a cocinar con los juguetes. Para ella el nombre del electrodoméstico era, evidentemente, otro.
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¿Cómo notar su falta de comprensión?
Hay diferentes indicativos, además de las situaciones cómicas fruto del malentendido.
– La más común es que no siga instrucciones, o sea que no haga lo que se le ha pedido o lo deje a la mitad.
– Muchas veces abusamos de los apoyos gestuales por lo que puede pasar desapercibido que no se han enterado del mensaje oral.
– Algunos padres describen a sus hijos como tímidos, despistados o desobedientes, pero dichos rasgos desaparecen cuando hablamos con el niño en su lengua dominante.
Por supuesto, los profesores disponen de recursos para evaluar la competencia real de sus alumnos, pero en la vida diaria los padres pueden usar algunas estrategias para “asegurarse” de que están comprendiendo.

¿Qué hacer y por qué?
– En primer lugar escuchar activamente. Esta es una habilidad que todos sabemos que es fundamental, pero llevarla a la práctica puede ser todo un reto. Comienza por poner nuestra atención en qué dice y no en cómo, ni en lo que yo creo que tendría que decir. Guardar silencio.
– Que él mismo termine sus frases aunque necesite más tiempo.
– Realizar preguntas que muestran interés por lo que está contando, animar a contar más detalles o a explicar de otra manera. Por ejemplo. “¿cómo tienes que ir vestida?
– Cuidado con el exceso de preguntas, sobre todo con las cerradas porque se corre el riesgo de que contesten con monosílabos.
Si hay confusiones consistentes con palabras que difieren en un sonido y se aprecian en todas las lenguas que está adquiriendo, puede que tenga dificultades de discriminación auditiva y se debe consultar con un especialista.

Es importante que durante la interacción con los niños valoremos que el mensaje ha llegado con claridad e ir realizando los ajustes necesarios en nuestro discurso. La comprensión mutua es la base de la comunicación.

La forma de actuar del adulto cuando detecta algún tipo de error en la comprensión dependerá de la situación concreta, la edad del niño, su nivel lingüístico y otras variables personales. En general se recomienda actuar con naturalidad, tratando de no dejarlo en evidencia en público, incluir en nuestra conversación la palabra correcta, usar con más frecuencia la expresión y en diferentes contextos, etc.

En el ejemplo inicial, el aprendizaje vino de la mano de una explicación clara del malentendido en el momento concreto, por supuesto de los preparativos para la fiesta en las clases y unos días después compré en el mercado navideño de Granada una miniatura con una tabla de lavar a mano.  Desde entonces siempre hay en nuestro belén una lavandera junto al río.

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Soy Montserrat Vidal

Psicóloga en Holanda, especializada en lenguaje y multilingüismo. Los instrumentos con los que trabajo son sólidos conocimientos teóricos y años de experiencia laboral.

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