La forma de agrupar a las familias que educan a sus hijos en varias lenguas es variada, no hay una única manera de hacerlo y tampoco existen acuerdos formales entre los expertos. Lo que sí podemos observar es una tendencia a clasificarlas en función del aspecto concreto en el que se ponga la atención: quién habla qué lengua, qué estrategia usan principalmente, en qué contexto cultural, etc.
En esta ocasión me voy a enfocar en el bagaje lingüístico de los padres y su posible influencia en la adquisición o aprendizaje de español como lengua de herencia.
Soy consciente de que asociar una lengua nativa con una nacionalidad es reduccionista, el alto grado de movilidad y diversidad lingüística desdibujan las fronteras entre conceptos. Invito al lector a una lectura reflexiva, que le permita adaptar la información a su propia situación.
Cuando ambos progenitores son hispanohablantes
El español es la lengua nativa, minoritaria en la comunidad donde viven y el idioma predominante es otro. Por ejemplo, una pareja de mexicanos que vive en Alemania.
Con frecuencia ambos proceden del mismo país y comparten raíces lingüísticas, pero también se da la situación en la que hablan distintas variedades de español.
Mantener el idioma dentro de casa no ofrece grandes desafíos durante los primeros años, sin embargo, el reto puede ser la integración a nivel social y otros aspectos relacionados con la cultura. Es muy importante ofrecer las condiciones necesarias para que la lengua siga desarrollándose en todas las competencias básicas y también aprendan a leer y escribir correctamente.
El aprendizaje del idioma mayoritario es un tema que despierta muchas inquietudes en este tipo de familias, la información es fundamental para que tengan acceso a recursos de estimulación a edades tempranas. Sus necesidades son dependientes de variables lingüísticas (qué otros idiomas hablan los padres), educativas (a qué tipo de escolarización se van a incorporar los niños, internacional o regular), económicas (acceso a apoyo privado), etc.
Un progenitor habla la lengua minoritaria y el otro la lengua mayoritaria del país.
Por ejemplo, la madre habla español, el padre francés y viven en París.
Este tipo de familia bicultural era la más frecuente hasta hace pocos años.
Tradicionalmente usan la estrategia OPOL para mantener la lengua de herencia, sin embargo, actualmente disponemos de más información desde la ciencia para poder utilizar otros métodos adaptados a las características concretas de cada familia.
En este caso las diferencias se observan en función de qué idiomas hablan o como mínimo comprenden los padres, qué idioma utiliza la pareja para comunicarse entre ellos, cómo se reparte el tiempo de cuidado, qué estatus tiene la lengua minoritaria en el círculo social y familiar, etc.
Teóricamente el español estará en desventaja, especialmente al iniciar la escolarización reglada. Es necesario ofrecer un aporte lingüístico de calidad, en diferentes contextos, mantener contacto con el país de origen y si es posible, completar el proceso de adquisición con educación formal.
Cuando cada progenitor tiene su propia lengua materna y ninguna coincide con la lengua del entorno.
Por ejemplo, el padre habla español, la madre habla árabe y viven en Ámsterdam.
En esta situación familiar encontramos dos lenguas de herencia en el hogar y la lengua mayoritaria es el neerlandés. Tendríamos que analizar el contexto lingüístico multilingüe de forma más detallada y saber qué otros idiomas dominan los padres, en qué lengua se comunican entre sí, qué planes a medio y corto plazo tienen en cuanto a país de residencia.
Muchas familias internacionales que trabajan en condición de expatriados se verán reflejados en este grupo, para ellos el aprendizaje de sus respectivas lenguas nativas y la escolarización en inglés es la opción que más encaja con su plan lingüístico. En los Países Bajos, las escuelas internacionales incluyen en sus programas el aprendizaje de neeerlandés.
Otras situaciones familiares.
* En este grupo podemos nombrar familias monoparentales (la RAE no acepta el término “monomarental”, pero a mí me gusta). Por ejemplo, una madre colombiana que vive en Utrecht y habla neerlandés con un alto grado de competencia comunicativa.
Afrontar la maternidad en solitario es un gran desafío, afortunadamente se puede ofrecer un contexto estimulante en varias lenguas teniendo en cuenta una serie de recomendaciones adaptadas al caso concreto.
* Hasta ahora hemos hablado de progenitores que tienen el español como lengua de herencia y pertenecen a una primera generación. En mi día a día, asesoro a hispanohablantes de segunda o tercera generación de emigrantes y trabajo con niños cuyos padres también fueron criados como bilingües.
La principal complicación que suele surgir en estas familias es cuando tratan de usar un método que va “en contra de la forma de funcionamiento de su cerebro multilingüe”, por ejemplo, al aplicar de forma rígida la estrategia OPOL.
* Hay familias que se pueden incluir en alguno de los grupos anteriores, pero su historia de emigración y crianza bilingüe comienza cuando los niños ya han completado su desarrollo lingüístico en una lengua, o están en pleno proceso. El bilingüismo secuencial tiene unas características diferenciales y no es comparable con la adquisición simultánea de varias lenguas desde edades tempranas.
A modo de conclusión, podemos decir que no hay dos familias iguales y que no hay dos niños bilingües iguales… ni monolingües.
Conocer a las personas y su historia es el primer paso para poder acompañarlas en la aventura de educar a sus hijos entre idiomas y culturas.


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